El arca de Noe y el COVID-19

COVID-19 y el viaje a ninguna parte

En situaciones de peligro la primera tentación que tienen los seres humanos es alejarse del foco del problema y ponerse a salvo. Eso es natural y lógico. Es precisamente lo que está pasando con el COVID-19, pero en este caso tiene una especial dificultad porque se dan dos circunstancias: La primera es que la amenaza es global y alcanza casi todos los rincones del planeta. La segunda es que el peligro no es visible, por lo que no puedes saber si lo tienes justo delante.

Esta pandemia no está protagonizada por un bicho con mala leche, porque resulta que el coronavirus no es un ser vivo, sino un simple agente genético infeccioso. No piensa, no come, no habla… no podemos regañarle ni, mucho menos, castigarle.

Pero si de lo que se trata es de buscar seres vivos a los que echarle la culpa de algo, yo me decanto por los políticos, en general. Una vez más, y ya son muchas, no están a la altura de las circunstancias que exige el puesto que ocupan. Me refiero tanto a los que gobiernan como a los que están en la oposición.

No es momento de señalar culpas sobre esto o aquello, pero hay hechos que nos deberían indignar como ciudadanos. Uno de ellos es ver cómo aquellos a quienes hemos elegido para el parlamento y el senado nacionales, los parlamentos autonómicos, las diputaciones y los ayuntamientos van a lo suyo y no son capaces de renunciar a algunas de las prerrogativas de las que disfrutan, con el fin de dar ejemplo. Ni siquiera en tiempos inusitadamente difíciles como este en el que se nos exigen sacrificios a los ciudadanos de a pie.

Unas semanas antes de decretar el Estado de Alarma en España muchos de nuestros políticos acordaron con una «sorprendente» unanimidad la subida de sueldos, dietas y gratificaciones. Pocos días más tarde, debido al obligado confinamiento, ya no iban a trabajar (muchos no saben ni el significado de esta palabra), pero, sin embargo, siguen cobrando como si nada hubiera pasado.

Lo peor de todo es que este tipo de cosas son las únicas para las que son capaces de llegar a acuerdos. Cuando se trata de remar todos a una para sacar a este país del pozo en el que está cayendo es cuando afloran los intereses de cada partido y los vetos ideológicos.

Da mucha pena. Incluso indignación. Y siento una profunda desazón, más que nada porque no tengo una isla en el fin del mundo donde poder alejarme de toda esta gente que nos gobierna. Y también de los que se oponen a ellos.

Lamentable espectáculo, oiga.

El arca de Noe y el COVID-19

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