Casa de la Julianeta, Albarracín

Cuaderno de viaje: Albarracín

El ya famoso lema “Teruel existe” es una obviedad para quienes hemos tenido el placer de ir a aquella tierra. La capital de la provincia es un lujo mudéjar que no hay que dejar de ver con la tranquilidad que ofrece la propia ciudad. Pero en esta ocasión hablaremos de Albarracín, un pueblo que por méritos propios está siempre en cualquier lista de los más bonitos de España. Tuve ocasión de ir por primera vez con motivo de una reunión con colegas de la universidad, gracias especialmente a Alicia Jiménez, la mejor embajadora que tiene Teruel más allá de sus fronteras.

Al llegar a Albarracín, lo primero que llama la atención es su extensa muralla, que rodea un casco urbano de color ocre intenso con trazado medieval. Todo se mantiene como si el tiempo no hubiera pasado por allí: rincones recónditos, puertas de madera con tiradores, ventanas diminutas, balcones artesanados, calles empedradas…

Si hay que tomar un punto de referencia, ese es la plaza Mayor, en la que se encuentra el ayuntamiento. En primer lugar, asómate a la arcada que hay a su vera para contemplar el pueblo. Es un mirador privilegiado. A continuación, busca y descubre la catedral, las iglesias, el museo municipal y, especialmente si viajas con niños, el museo del juguete.

Por supuesto, es visita obligada la Casa de la Julianeta (en el dibujo de este post), actualmente casa taller para artistas y el edificio más emblemático de todo Albarracín. Es una casa de yeso y madera, de sorprendentes irregularidades constructivas, que data del siglo XIV. Todo parece torcido en esta casa, pero se mantiene de pie. Genuina, sin duda.

Aparte de la visita al pueblo, hay muchas actividades de turismo activo que se pueden realizar en Albarracín y sus alrededores. Para empezar, en el río Guadalaviar, que abraza literalmente a la población, se puede hacer un pequeño crucero fluvial. Apenas a unos pocos kilómetros está el paraje protegido de los Pinares de Rodeno donde, además de disfrutar de un paisaje impresionante, puedes contemplar muchas muestras de arte rupestre, que están declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Si todavía te quedan fuerzas, te aconsejo visitar las Cascadas de Calomarde y la Ruta del Barranco de la Hoz, donde hay que tener muchas ganas (o mucho calor) para echarse un rato en esas aguas frías, pero es un paraje que merece la pena disfrutar. Y, finalmente, recomendarte cualquier sendero de los cientos que se pueden recorrer en toda la Sierra de Albarracín.

En efecto, te puedo asegurar que Teruel existe.

Icon comer

Si hablamos de comer en Albarracín, con independencia del lugar (porque hay bastantes y buenos), mi recomendación es que no dejéis de pedir carne de caza, especialmente ciervo o jabalí. Por supuesto, estando en esta zona no hay que dejar de probar el jamón de Teruel y el queso de la zona, muy sabroso. Pero, eso sí, junto a la Casa de la Julianeta está la panadería Ibañez, donde es indispensable ir (a ser posible temprano en la mañana) y comprar una bolla de pan, impresionante, o unas tortas de anisetes. Seguro que volveréis a por más.

Icon dormir

Si de lo que se trata es de dormir, mi experiencia me llevaría de nuevo a unos magníficos apartamentos rurales localizados a escasos 200 m del casco histórico: la Casa Grande de Albarracín ( ver aquí ). Aparte de ser un lugar muy acogedor y con unos jardines enormes, tiene aparcamiento de sobra en la misma puerta, cosa que no ocurre en los alojamientos del centro del pueblo. Si queréis estar más cerca del casco histórico, y con unas vistas magníficas, os recomiendo la Casa del Tío Americano ( ver aquí ), una gozada de lugar donde también se respira tranquilidad.

Icon brújula compass

Albarracín está a poco más de media hora de Teruel por la carretera regional A-1512, pasando por el aeropuerto (si tienes un momento, acércate para ver cientos de aviones “aparcados” y perfectamente ordenados). A continuación encontrarás Gea de Albarracín y ya casi habrás llegado. No tiene pérdida posible.


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