Castillo de Loarre

Cuaderno de viaje: Castillo de Loarre

Fue un viaje dedicado a los castillos. El primero de ellos fue el de Grisel, junto a Tarazona, en el que nos quedamos a cenar y a dormir (excelente cena medieval, con vestimentas de época y todo). Desde allí pusimos camino al castillo de Loarre, del que tenía muchas buenas referencias y al que había visto fugazmente en la película “El Reino de los Cielos”, de Ridley Scott. Le tenía ganas.

Dicen que el de Loarre es el castillo románico mejor conservado de Europa y, consecuentemente, del mundo. Esta fortaleza, que también fue abadía, se complementa con una muralla y once torreones que resaltan su imponente figura. En el edificio se aúnan muchos adjetivos que justifican una visita: historia, singularidad, belleza, buena conservación, adecuada restauración… Está declarado Bien de Interés Cultural desde 1906 y no es de extrañar que actualmente sea un codiciado escenario para la filmación de series y películas de época.

La ubicación es un aspecto fundamental para entender su origen militar. Está en el punto de encuentro de los Pirineos con la llanura, en un promontorio rocoso ubicado a más de 1000 metros de altitud desde el que domina toda la comarca de La Hoya de Huesca. En la época de su construcción era fundamental el control de la población de Bolea, principal plaza musulmana de la zona, que controlaba las ricas tierras agrícolas del valle.

La construcción del castillo de Loarre se inició en el siglo XI por orden del Rey Sancho III el Mayor para que fuera baluarte en la defensa de la línea fronteriza de los reinos cristianos. Sufrió varias ampliaciones hasta alcanzar su configuración definitiva en el s XIII, que ya incluyó el recinto amurallado que rodea la fortaleza. Esa estructura es la que ha perdurado hasta nuestros días. 

Una vez perdió su interés defensivo a causa de la retirada de la influencia musulmana hacia el sur, el castillo se convirtió en abadía, a cargo de la orden de canónigos Regulares de San Agustín. A partir del siglo XV el castillo apenas se utilizó, cayendo en el abandono. La población de Loarre, inicialmente asentada junto a la muralla, se trasladó más abajo, hacia el valle, y parte de la muralla original contribuyó generosamente a la construcción de las casas del pueblo.

Un recorrido por este castillo ofrece una idea muy certera sobre cómo se vivía en aquella época a pesar de que no conserva casi nada del mobiliario interior del castillo o de la abadía que posteriormente hubo allí. Tengamos presente que una parte importante de la construcción (vigas, suelos, artesonados, puentes, pasajes, puertas, ventanas…) era de madera. Aun así, es de esos pocos lugares donde se puede tener una perspectiva precisa de cómo estaban distribuidos estos recintos y sobre cómo podría ser en realidad la vida en la edad media.

La visita al castillo puede ser guiada (muy aconsejable, porque hay mucho que aprender), pero es una buena idea deambular después libremente por todo el recinto, lo que permite descubrir rincones curiosos y detalles increíbles. Si eres de los que le gusta leer, hay una novela histórica titulada “El castillo”, de Luis Zueco, que discurre en este lugar y que te sumerge en todo lo que llegó a ser este emplazamiento histórico.

La visita da para una mañana o una tarde, poco más, pero merece la pena.

Muy cerca, por la carretera que lleva hacia el embalse de Yesa, se encuentra el paraje de los Mallos de Riglos, unos conglomerados calizos con paredes verticales de más de 300 metros junto al curso del río Gállego. Es un lugar privilegiado para actividades de turismo activo… pero eso será otra historia.

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En este caso no puedo dar una recomendación, porque llegamos tarde al cercano pueblo de Loarre y ya no quedaba una sola mesa libre en los restaurantes y asadores de la localidad (eso también es buena señal, dicho sea de paso). Algunos tenían una pinta estupenda, pero no puedo dar cuenta de ello. Así que, en esta ocasión, buscaros la vida, que de vez en cuando viene bien la emoción.

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Como ya comenté, en este viaje dormimos en el Castillo de Grisel (ver alojamiento), cerca de Tarazona, a unas dos horas de viaje. La razón fue que queríamos dormir en un castillo y vivir la experiencia de una cena medieval. Las atenciones del gerente del establecimiento, Luis Zueco, fueron increíbles. Es una persona singular, afable, buen conversador, ingeniero especializado en los castillos de Aragón y escritor de varias novelas, entre las que está “El castillo”, que se desarrolla en el de Loarre. Sin duda mereció la pena, aunque entiendo que para algunos viajeros este alojamiento pueda quedar un poco retirado del destino. 

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El castillo de Loarre se encuentra a escasos 30 minutos de Huesca por la carretera A-132, Tras pasar el pueblo de Esquedas, toma el desvío a la derecha (A-1206) que te llevará directamente a Loarre. Desde la autovía Pamplona-Jaca llegaremos en unos 50 minutos desde el Puente de la Reina de Jaca.

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