Cuaderno de viaje: Ronda, el paisaje bandolero

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Cuaderno de viaje de Toté: Ronda

He visitado muchas veces Ronda. A veces ha sido por turismo, otras para visitar a buenos amigos y otras simplemente para echar el día. Es cierto que para una mayoría de personas, esta ciudad es sinónimo del “tajo”, ese increíble desfiladero de 150 metros de altura que se abre a cuchillo dividiendo en dos el casco urbano. El puente nuevo es posiblemente la estampa más retratada de Ronda, aunque hay otras muchísimas cosas que ver y admirar a lo largo de sus calles, plazas y rincones.

Ronda es uno de esos lugares donde se entremezcla la leyenda con la historia y el paisaje con los escenarios históricos. En plena serranía, y a pocos pasos de la Costa del Sol, hoy es un destino turístico de primer orden que hace justicia a quien espera lo mejor de ella.

Si bien la historia de Ronda se remonta a tiempos celtas (Arunda), es en el romanticismo del siglo XVIII cuando la ciudad traspasa el umbral del anonimato para convertirse en una referencia. Fue gracias a autores y artistas como Washington Irving, Richard Ford o Gustavo Doré. Los legados romano, andalusí y romántico contemporáneo han ido dejando sus huellas en una ciudad que nunca defrauda. Si quieres conocer más detalles, puede ser una buena idea visitar la web oficial del patrimonio rondeño (clic aquí).

Mi primer consejo es siempre el mismo: callejear. Es una de esas ciudades en las que se disfruta tan solo paseando por el casco histórico sin un rumbo fijo. Pero también es verdad que no te puedes ir de Ronda sin ver el tajo, el puente romano, el puente nuevo, la plaza de toros, la escuela taurina y su museo, la escuela de equitación, el mirador del tajo en el paseo de Blas Infante, la Puerta de Almocábar y las murallas, los baños árabes, la iglesia Mayor y la plaza de la Duquesa de Parcent, el Palacio Mondragón, la casa del Rey Moro y sus jardines…

Ronda es, además, la ciudad de los bandoleros. La invasión de las tropas de Napoleón fue el origen del fenómeno del bandolerismo, debido a la formación de guerrillas para combatir a los invasores. Tras los estragos de la guerra, se quedaron sin recursos de subsistencia y hubieron de dedicarse al asalto de caminos y al contrabando. En algunos casos repartían las ganancias con las familias más pobres, ganándose su favor y simpatía. Esto no fue siempre así, derivando con el tiempo en un problema social. Hubo bandoleros de renombre, como “el tempranillo”, “el tragabuches”, “el vivillo”, “el generoso” o “pasos largos”.

Si hablamos de montes y campo, mi devoción personal, Ronda tampoco se queda corta. En efecto, está encajada entre dos parques nacionales: el de la Sierra de las Nieves y el de Grazalema. Y a tiro de piedra del Parque Natural de los Alcornocales y del Paraje Natural Sierra Bermeja. Espectacular.

También hay dos momentos clave en el día que tienes que vivir: Los primeros rayos del sol cayendo sobre el entorno del tajo (la misma perspectiva del dibujo de cabecera) y la puesta del mismo sol vista desde el mirador del tajo en el paseo de Blas Infante. Entre una y otra tienes el día completo para perderte por las calles de Ronda y descubrir un lugar al que seguro volverás.

Cuaderno de viajes, Ronda

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Para comer no tengo dudas: hay que tapear. Ronda es uno de esos lugares donde ir de tapeo se justifica y la oferta es muy amplia. Siempre recomiendo a mis amigos que vayan a “El lechuguita”, un lugar emblemático e imprescindible, aunque últimamente está demasiado concurrido y puede que tengas que guardar cola para entrar. Una alternativa tanto para tapear como para comer es el mesón El sacristán, junto a la iglesia de Santa María la Mayor, donde tienen una carta exquisita, un trato personal magnífico y se ubica en una de las zonas más bonitas y tranquilas de la ciudad. La lista de restaurantes y bares de Ronda es interminable, así que no te faltarán lugares para elegir.  


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Para alojarte en Ronda puedes optar por muchas opciones. Si quieres un lugar céntrico y de calidad, sin duda tu lugar será el Parador de Turismo. Intenta que te den una de las habitaciones que miran hacia el tajo y así tendrás la jugada completa. También puedes optar por un alojamiento más típico, en cuyo caso te recomiendo el Salvatierra Guest House, una casa tradicional en pleno casco histórico que ha sido renovada con mucho gusto y cuenta con una piscina muy atractiva (si vas en época de calor, será indispensable). En Ronda no te van a faltar alojamientos de todas las categorías y precios, desde los albergues juveniles hasta el hotel Reina Victoria, de cinco estrellas. En cualquier caso, es recomendable reservar con tiempo, porque en determinadas épocas se roza el lleno.


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Hay muchos caminos para llegar a Ronda con facilidad. Las tres carreteras principales son las que proceden de Sevilla (A-374), Málaga (A-367) y la Costa del Sol (A-397, S. Pedro de Alcántara y Marbella). Al estar en plena serranía, las carreteras son sinuosas, pero amplias y cómodas. El aeropuerto más cercano es el de Málaga, a una hora de camino. Aunque Ronda tiene estación de ferrocarril (línea Antequera-Algeciras), hay pocos trenes y de carácter regional, que pueden ser abordados desde la estación de Antequera, algo poco práctico.


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Si deseas conocer otros lugares, te recomendamos echar un vistazo a nuestro Cuaderno de viaje.

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