Hábitat en peligro

Hábitats en peligro

No hay que ser un especialista en la materia para ser consciente de que muchos hábitats están cambiando y otros incluso están desapareciendo. Esto afecta de forma directa a miles de especies animales y vegetales. Y aunque es posible que el cambio sea reversible en algunos casos (en realidad casi ninguno), todavía estamos a tiempo para evitar que los daños en el futuro sean más dramáticos y generalizados. 

Casi todos los fenómenos deben ser analizados con la perspectiva del tiempo. En el caso concreto del cambio climático, por una cuestión evidente de magnitud, es necesario analizar las evidencias a lo largo de una serie histórica significativa. Solo así podremos ser conscientes de la verdadera dimensión del problema.

En este sentido podemos ver como ejemplo de los efectos del calentamiento global el hecho de que muchas especies de plantas y animales se han ido desplazando poco a poco hasta ocupar zonas diferentes a aquellas en las que desarrollaban su actividad anteriormente. Además de los problemas soportados por las especies que sufren la necesidad de migrar a nuevos espacios, esto supone un riesgo para el equilibrio de los ecosistemas

A medida que aumentan las temperaturas, los rangos de hábitat [1] de muchas especies se mueven hacia latitudes más altas y hacia cotas más elevadas. Si bien esto significa una expansión del área de ocupación para algunas especies, para otras significa una reducción de su espacio vital o un desplazamiento hacia un hábitat menos hospitalario o con una mayor competencia. En algunos casos extremos, algunas especies no tienen a dónde ir, porque ya se encuentran en el límite norte/sur o en la cota más elevada posible de su hábitat.

Pero veamos ejemplos de algunos de esos cambios…

El calentamiento induce a que los bosques boreales (taiga) del norte de Europa, Asia y América estén invadiendo la tundra, lo que reduce de forma directa el hábitat de muchas especies únicas que dependen de ese ecosistema, como son el zorro ártico, el caribú, el buey almizclero, el lemming o el búho nival. 

Igualmente, podemos hacer mención al problema generado por el calentamiento de ríos y arroyos que constituyen el hábitat de los peces de aguas frías, especialmente las truchas o los salmónidos. Los peces de aguas más cálidas se expanden para ocupar sus hábitats, ahora con aguas más templadas o con un ciclo más rápido de calentamiento. Consecuentemente, los peces que habitaban esas aguas, incluidas muchas especies de truchas, se encuentran en un entorno más hostil para su desarrollo o con una competencia que no tenían anteriormente. 

También está el caso de los osos polares, a los que está afectando directamente el calentamiento más temprano de las aguas del Ártico. La existencia prematura de aguas libres de hielo, así como su mayor extensión año tras año, supone un problema dramático tanto para encontrar alimento como para moverse por sus zonas de caza, de apareamiento o de cría, incrementando su vulnerabilidad.

En este momento es difícil determinar cómo, cuándo y en qué medida se redistribuirán las especies en los próximos años o cómo les afectará a cada una de ellas la modificación de los hábitats, pero existe una certeza generalizada sobre que serán miles de poblaciones animales y vegetales las que se verán afectadas por los cambios globales, regionales y locales del clima. 

La supervivencia de algunas especies será, en muchos casos, una cuestión de adaptación. En otros casos será, sencillamente, imposible. 

[1] El hábitat es un espacio que alberga vida, pues tiene unas condiciones adecuadas para que viva un determinado organismo o población. Es un entorno donde una especie puede residir y reproducirse, perpetuando su presencia. Hay que diferenciarlo del concepto ecosistema, que engloba al conjunto de seres vivos, el entorno físico en el que habitan y las relaciones que se establecen entre ellos.


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